"las juntas" del Hoz Seca

Partimos de la Plaza Mayor de Peralejos de las Truchas ascendiendo por la calle de la Cañada. Llegamos a un frontón situado a las afueras, lo dejamos a la derecha.
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A partir de aquí tomamos la pista forestal asfaltada que se dirige en principio a un complejo hotelero ubicado muy cerca del Río Tajo. Enseguida encontramos una bifurcación, en la cual hemos de dejar a nuestra derecha la carretera asfaltada para seguir por el ramal de tierra que en ningún momento deja de subir. La pista asfaltada a la derecha nos conduciría a la llamada presa del Molino.

Esta presa fue el escenario donde se rodó el inicio de la película ‘El río que nos lleva’ basada en el libro del mismo nombre de José Luis Sampedro y que describe la vida de los gancheros del Alto Tajo. Junto a dicha presa hay un restaurante y un albergue que se encuentran abiertos en temporada alta. En cualquier caso podremos descasar allí a la vuelta de nuestro recorrido.
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Nosotros seguimos por la margen izquierda del cañón del Tajo, remontando el río. En el cauce izquierdo del río se encuentra Belvalle, durante años esas lomas fueron escogidas por los madereros para proveerse de los troncos que más tarde conducían río abajo.
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Poco antes de llegar a la Ermita de la Virgen de Ribagorda vemos un desvío a la izquierda que conduce hasta la serrana localidad de Checa. Pero nosotros seguimos nuestro camino hasta encontrarnos poco más adelante con la Ermita en honor a Nuestra Señora de Ribagorda, patrona de Peralejos.
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Ubicada sobre una pequeña elevación, el lugar invita a la relajación, y se presenta como un lugar idílico para contemplar el valle del río Tajo, mientras vemos de fondo los cortados del Machorro(1584m).
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Continuando por la pista 4 km más llegamos al desvío hacia las Juntas, donde debemos escoger el carril derecho. Un kilómetro después encontramos el desvio hacia la central eléctrica Hoz Seca. Aquí debemos escoger la pista de la izquierda, si cogiéramos la de la derecha bajaríamos de forma más directa hacia las Juntas pero por una pista en peores condiciones.

Según descendemos podemos ver al cauce la vegetación se torna más intensa llegando a cubrir las dos márgenes del río.

Al llegar al río aparcaremos el coche antes de cruzar el puente que cruza las aguas del Hoz Seca en dirección a la presa. Así, en la otra orilla vemos la central eléctrica a la que podemos acercarnos para observar el sistema de transporte y captación del agua del río.
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Desde este punto, si bajamos andando junto al río llegaremos a las Juntas del Tajo y el Hoz Seca. Así, bajo el Pico de la Campana, el Hoz Seca y el Tajo se unen. Curiosamente, es el primero el río más esplendido en esta entrega de caudales. Este desequilibrio está reflejado en el dicho popular que afirma: “el Tajo lleva la fama / y el Hoz Seca lleva el agua” .

Es aquí pues, donde el Tajo y su primer afluente importante, el Hoz Seca, se funden para siempre en un pacto de agua. De ahora en adelante, al Tajo ya nadie le llamará Tajillo. Por ambos ríos los gancheros bajaban tradicionalmente los troncos aunque con mucha dificultad, debido al escaso caudal. Si tenemos la suerte de recorrer esta zona entre septiembre y octubre podemos asistir al espectacular rito de la berrea.
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Esta consiste en los bramidos de los ciervos machos, que anuncian la época del celo. Son sonidos roncos y desaforados que emite el ciervo para atraer a las hembras, marcar su territorio de dominio y garantizar así la perpetuación de la especie. Con un poco de fortuna y paciencia podemos también disfrutar en directo de los combates entre machos, donde los envites se repiten hasta que uno de los dos animales cede.
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Si volvemos otra vez a la central eléctrica, podemos desde allí remontar caminando el Hoz Seca hasta llegar a la Presa del Hoz Seca por cuyo muro poblado de musgos el agua cae como si de una cascada natural se tratase. Unos tres kilómetros más arriba se encuentra la Herrería, una importante construcción que data del siglo XVIII construida sobre de recio sillar.
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Realizada en estilo molinés llama la atención su gran tamaño, poco común en la zona, lo que la convierte en uno de los edificios más singulares de toda la comarca. Allí fue donde durante siglos se forjó el hierro que tanta fama alcanzara en su época por su ductilidad y dureza.

Si continuamos caminando río arriba, podremos completar nuestra excursión con una visita a la Cueva del Tornero. Al llegar, en el corazón de la pared, una magnífica bóveda nos introduce en la cueva. Sus 13 kilómetros explorados son un reto para los que intentan descubrir su final. En su interior se pueden admirar bellas formaciones calizas elaboradas con tiempo y agua.